𝗔𝗾𝘂𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗰𝗶𝗲𝗹𝗼 𝗯𝗿𝗶𝗹𝗹𝗮𝗯𝗮𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗲𝗹𝗹𝗮𝘀

— ¿¡Pero qué te ha pasado!? ¡Dios mío! Ven mamá, ven…

— Oh, ¡pobrecito!

Clara se abrazó con fuerza a su madre, ambas lloraron durante todo el día y, luego, muchos días después. Pantera se marchó de forma silenciosa, sin molestar, sin hacer sospechar a nadie que sufriera enfermedad alguna.

Una luz muy fuerte y un sonido estruendoso. Clara sintió caer por un tobogán infinito. ¿Qué era aquello tan extraño? Al final había una verja, una verja aurífera y deslumbrante.

Era una puerta enorme y un señor mayor con unas llaves, se iba acercando hacia a ella.

— Hola, Clara. Aquí hay muchos esperándote, pero conmigo viene el que más tiempo lleva sin verte, Pantera. ¡Dios mío! Pero qué inquieto que es: siempre enredando entre las piernas.

Pantera y Clara, Clara y Pantera. Aquella noche en el cielo brillaban las estrellas.

Victoria Eugenia Muñoz Solano©

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𝗘𝗹 𝗼𝗷𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗿𝗶𝘀𝘁𝗮𝗹

A la madre de Antoñito no le gustaba que se pasara el día en el descampado con aquellos gamberros; prefería que estuviera las horas muertas con el móvil que le regalaron por la comunión.

Él era un niño como los de antes: de esos que les gusta hacer batallas de indios y vaqueros subiéndose a coches herrumbrosos y tomando a las tuberías por trincheras.

Un día jugando con sus amigos, la cara de Antoñito que estaba roja de tanta batalla, se puso tan blanca como la pared.

— ¡Aquí hay un ojo! —exclamó señalando agachado por detrás de las tuberías-trinchera.

Paco y Pepe, sus amigos de batalla, clavaron sus pupilas sobre la extraña pupila azul y se miraron con gesto grave; hasta que uno de ellos empezó a llorar.

Antonio tomó el móvil, casi por vez primera, y marcó el número de la Policía.

— ¿¡Policía!? En el descampado hay… un MUERTO.

Victoria Eugenia Muñoz Solano©

La princesa encerrada

 La princesa encerrada

Érase una vez una princesa que desde los catorce años la encerraron en su propio castillo para que no se enamorase porque tenían ya buscado su pareja.

—Padre ya estoy harta de estar aquí.

—¡Hija, lo siento mucho pero tienes que permanecer hasta los dieciocho años! Porque te casarás con el príncipe Andrés.

—¡No padre es muy feo!

Entonces lloró desesperadamente hasta que apareció una mariposa que le dijo:

—¿Qué te pasa princesita, pues te veo muy triste?

—¡Ay de mí, mariposa! ¡Que a los dieciocho años me quieren casar con un príncipe!La princesa encerrada dibujo 2

—Pues escápate.

—No puedo hay soldados y en todas las ventanas del castillo hay fuertes rejas.

—Toma estos polvos y te encontrarás con alas y de mi estatura.

—Gracias.

Y  la princesa vio cosas preciosas de la naturaleza.

—Mariposa, te quiero decir una cosa; mira allí abajo. Ese chico siempre mira hacia mi ventana, ¿por qué mira?

—Querida, está enamorado de ti.

—¡Oh qué pena y me tengo que casar con ése?

—¡Ahora no, princesita ya eres libre! Toma otros polvos.La princesa encerrada dibujo 3

Y se convirtió en princesa. Entonces, el chico la vio venir y le hizo una larga reverencia:

—Señorita, ¿usted no es la princesa encerrada que contemplaba día a día?

—Sí.

—Majestad perdonad por mi osadía de decirle que estoy enamorado de usted.

Entonces ella le explicó nuestra historia.

Y llegó al castillo y se lo dijo a su padre. El padre la perdonó y le dijo que se casara con el muchacho.

Victoria Eugenia Muñoz Solano
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Querido lector:

A estas alturas te habrás dado cuenta de la sencillez del cuento que he publicado. Se trata de una historia que he encontrado al final de una libreta de la asignatura de religión de cuando tenía de  6-7 años. Tiene faltas ortográficas por doquier y algunos dibujos. Espero vuestra benevolencia pues es mi primer cuentecito y me ha hecho cierta ilusión compartirlo con vosotr@s. Puedes descargar el original escaneado en este link de dropbox:

https://dl.dropboxusercontent.com/u/45782770/La%20princesa%20encerrada.pdf

Un abrazo

Victoria Eugenia Muñoz Solano