𝗔𝗾𝘂𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗰𝗶𝗲𝗹𝗼 𝗯𝗿𝗶𝗹𝗹𝗮𝗯𝗮𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗲𝗹𝗹𝗮𝘀

— ¿¡Pero qué te ha pasado!? ¡Dios mío! Ven mamá, ven…

— Oh, ¡pobrecito!

Clara se abrazó con fuerza a su madre, ambas lloraron durante todo el día y, luego, muchos días después. Pantera se marchó de forma silenciosa, sin molestar, sin hacer sospechar a nadie que sufriera enfermedad alguna.

Una luz muy fuerte y un sonido estruendoso. Clara sintió caer por un tobogán infinito. ¿Qué era aquello tan extraño? Al final había una verja, una verja aurífera y deslumbrante.

Era una puerta enorme y un señor mayor con unas llaves, se iba acercando hacia a ella.

— Hola, Clara. Aquí hay muchos esperándote, pero conmigo viene el que más tiempo lleva sin verte, Pantera. ¡Dios mío! Pero qué inquieto que es: siempre enredando entre las piernas.

Pantera y Clara, Clara y Pantera. Aquella noche en el cielo brillaban las estrellas.

Victoria Eugenia Muñoz Solano©

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El colegio

— Tendrá que quedarse a dormir la mayoría de los días, ¿está de acuerdo?

— No me importa estar interna con tal de poder trabajar.

Fui yo la que me postulé para el puesto; llevaba años esperando para poder desarrollar mi vocación docente.

En realidad, pensaba que ya no existirían internados como aquel. Todos eran niños ricos, pero muy disruptivos, tanto como para protagonizar cada uno varios episodios de “Hermano Mayor”.

Firmamos el contrato y yo feliz porque iba a poder por fin dar mis clases y el salario era francamente bueno.

Una noche entró un chico en mi habitación con las manos llenas de sangre.

— ¿¡Qué has hecho!?

— Ya no podía más, no podía más.

En la habitación ningún alumno dormía, todos gritaban: era el fin de Roberto, el Abusón.

Desde entonces decidí dejar de enseñar: la imagen de aquel camorrista con el cuchillo del almuerzo clavado en el corazón, me persigue todas las noches.

Victoria Eugenia Muñoz Solano©

Encuesta sobre el próximo vídeo

Hola, amig@s:

Hace tiempo no escribo nada en el blog. Eso no quiere decir que no siga con mi actividad literaria.

En el día de mi Santo, hoy es día de la Virgen de la Victoria en Málaga, os propongo una encuesta en la que espero participéis.

¿Sobre qué tema os gustaría que os hablara en mi próximo vídeo? O si lo queréis mejor: ¿Sobre qué tema te gustaría aprender en el arte de la escritura?

En el tema OTROS. Os pido que las sugerencias las añadáis en comentarios de este mismo post.

Para terminar quiero saludar a los visitantes procedentes de los Estados Unidos que en estadísticas del blog cada vez sois más numerosos. Os animo también a participar y a comentar algo; pues leer, veo que leéis y mucho 😉

Un abrazo

Victoria Eugenia

 

Anónimo

Las manos del escultor se deslizaban diestras por un rostro que cada día estaba más definido, y marcado: nariz rectilínea, boca entreabierta, ojos azabache y cinco lágrimas ingrávidas cayendo por el dolor de una gran pérdida.

Una noche tuvo un sueño, en él la Virgen de su taller era llevada a hombros en un trono de tamaño imposible; el tañido de una campana hizo vibrar su corazón. Y el pueblo gritaba con algarabía “Guapa, guapa y guapa”. Era ella, la que había salido de sus manos, a la que imponían una gran corona en una plaza abarrotada de gente. Parecía que el clamor era irreverente pues su imagen era de una dolorosa. Sin embargo, el recogimiento interior era palpable. Escuchó cientos de voces con peticiones impronunciadas…

Al terminar su obra pensó:
“No, yo no soy quién para firmar con mi nombre porque esta Virgen será la Esperanza de todos.”?????????????????????????????????????????????????

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano
(Amanecer perchelero : seudónimo utilizado para presentar este microrrelato al concurso de microrrelatos por la Esperanza del periódico La Opinión de Málaga)
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Querido lector:

Este es el microrrelato que presenté en el periódico «La Opinión de Málaga» para el concurso de «Microrrelatos por La Esperanza» bajo el seudónimo de «Amanecer perchelero».(Usé seudónimo porque me pareció que de esta manera se valoraría mejor el texto) Puse todo mi empeño en ganar pero no ha podido ser.(Quedé entre los diez primeros) Podéis visitar el microrrelato publicado en la web de la Opinión en el link:
http://www.laopiniondemalaga.es/pi-microrelatos-por-la-esperanza/2013/05/30/anonimo/592057.html

El premio era un toque de campana al trono de la Esperanza durante la salida procesional que tendrá lugar el sábado 22 de junio con motivo del 25 Aniversario de su Coronación.

Espero que os haya gustado «Anónimo».

Un abrazo

Victoria Eugenia

Bajo la lluvia

Caía la lluvia. Lleno de barro, calado y gimiendo se podía distinguir a un escuálido can.Cargaba con una cadena roñosa y partida. Posiblemente, había vivido atado a un poste olvidado en un cortijo de las proximidades; pues por sus hechuras, debió de haber sido un perro guardián. Era mayor, de eso estaba seguro. Me acerqué…

BAJOLALLUVIA (Los relatos de Victoria Eugenia)

–Hola bonito. Pero, ¿qué te han hecho? –me miró. Dicen que los animales no tienen lágrimas, pero por sus ojos se vislumbraban sendos regueros que no se debían al aguacero sino a la desilusión.
-Vente conmigo. No tengo finca ni soy rico. Vivo en ese cajero.-le dije mientras se lo señalaba.- Te daré calor, y tú si quieres, me darás el tuyo.
El perro agitó el rabo como si fuera un cachorrillo. Entonces, mientras corríamos bajo la lluvia, sus ojos resplandecieron renovados por la esperanza de ser alguna vez querido.

Autora : Victoria Eugenia Muñoz Solano

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El jardín oval

Las hojas lanceoladas de los eucaliptos sombreaban los serpenteantes caminos que se cortaban en diferentes direcciones; la primavera se manifestaba en un trino reverberante emitido por los pajarillos que poblaban el lugar.

Laura ya no se recreaba en la belleza del paraje, porque distraída recogiendo flores, se había apartado del lado de sus hermanos. Angustiada, se puso a mirar los carteles indicadores pero apenas sabía leer… Después de una hora, cansada de tanto deambular, decidió tomar un camino de piedra color ocre, que le condujo a uno de los jardincitos de los mil que allí debía de haber. Por fin, tomó asiento en un banco. Miró a su alrededor: “Me gustaría que estuvieran conmigo Juanito y Pili, este jardín es tan bonito…”, pensó. En ese momento, recordando su situación; rompió a llorar.

En el fondo del jardín oval, algo en la espesura comenzó a moverse, esto hizo que la niña se apartara las lágrimas y mirara curiosa.
¿¡Hay alguien!?- preguntó.
Apareció un enanito que le tiró de la mano por el dedo pulgar…

¡Laura, Laura! – gritaban sus hermanos mientras la abrazaban llorando…
Mientras tanto, el gnomo, que los había estado mirando tras un arbusto; se marchaba sonriendo para no salir jamás de su jardín secreto.

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

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