El senderista

El senderista

Hola, queridos lectores:

Os quiero presentar la novela que me ha tenido ocupada durante un tiempo. Con  ella he intentado dar lo mejor de mí.

Ahora sois vosotros los que tenéis que juzgar si os gusta o no.

He procurado cuidar al detalle los personajes para que sean “redondos”. Con pasado, con presente y con futuro.

Mi personaje principal se llama Peter Montgomery. Es un hombre con luces y sombras. Duro pero a la vez tierno; lleno de defectos, fobias pero con un corazón noble.

Espero que no sea la primera y última aventura de Peter Montgomery. Si apoyáis mi novela Peter Montgomery seguirá vivo durante mucho tiempo.

Quiero destacar que lo que más trabajo en la novela es el diálogo. Los personajes “hablan”; puedes escucharlos al leerla e incluso imaginar sus voces. Por lo menos, eso es lo que hice al escribirla: dramatizarla. (Me convertí en actriz y actor al mismo tiempo. Diciendo lo que decían los personajes; escuchando lo que dirían e incluso haciendo sus voces.)

En la primera página de la novela puedes ver que hay una guía de personajes. Pues bien, yo me convertí en cada uno de ellos. Porque quería que se les percibiera como personas de verdad.

Os pongo la sinopsis y el link de Amazon. Clickeando sobre el link y luego sobre “echa un vistazo” puedes leer gratis los dos primeros capítulos, siempre que estéis registrados en Amazon. Si os gusta, por favor dadme vuestro apoyo.

Es muy importante para mí. No ya por el dinero, puesto que el precio del libro es el mínimo que me ha permitido Amazon. Es por  la alegría de tener un sueño y poder cumplirlo: ser leída por vosotr@s.

Un abrazo y a los que os decidáis a leer mi novela, disfrutad de la aventura.

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 Y si podéis, dejad vuestra opinión en el sitio de Amazon. Me haréis un gran favor.

Besos

Victoria Eugenia

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Papiroflexia

Una carita tan blanca como la nieve asomaba expectante entre unas manos apergaminadas. La niña lo contemplaba con curiosidad pues llevaba tiempo trabajando sin parar con un papel para hacer una figurita de papiroflexia. El anciano mostraba su satisfacción en una sonrisa esbozada, los dedos diestros plegaban y apretaban; mientras que ella intentaba adivinar con impaciencia qué representaba la pequeña escultura creada por su abuelo.

Llevaría más de media hora con el pasatiempo; trabajando con tanta concentración que parecía ajeno al interés de la nieta: las uñitas hacía rato yacían sobre la alfombra del saloncito y la pobre, desesperada, se disponía a marcharse en dirección a las escaleras. Fue justo cuando ya tocaba el pomo de la puerta, que una voz baja y gruesa le hizo pararse en seco como si un gato negro invisible se hubiese cruzado en su camino.

—¿Quieres saber qué estoy haciendo?
—¡Sí, sí! —gritó sonriente.
—Siéntate aquí a mi lado que ya casi la tengo terminada.

Haciendo unos cuantos dobleces más terminó su obra. Sonrió a su nieta y colocó con delicadeza la figurilla sobre la palma de la mano de la niña que lo miró con tristeza pues por más vueltas que le daba, no era capaz de distinguir si la figura era la representación de un ángel, una grulla o una pareja de cisnes en un estanque.

El abuelo al ver el desaliento no quiso continuar con la espera:

—Niña mía, esto que ves tan extraño es una sirena de dos cabezas.
—¡No, no puede ser!—exclamó con espanto—. Las sirenas no son así. Son mujeres guapas con cola de pez y no monstruos de dos cabezas.
—Pero, ¿por qué no va a ser una “mujer” guapa una sirena de dos cabezas?
—¡Porque las sirenas así no existen! Ariel, la sirenita de los dibujitos, era guapa, pelirroja y de una cabeza.

Por los ojos de la chiquilla comenzaron a brotar sendos regueros de frustración y enojo. Entonces, el anciano, antes de permitir que la niña destrozara por la rabia su “monstruo marino”, lo recogió con cariño en su mano.

—Creo que ya es hora de que te cuente la historia de la sirena de dos cabezas.
—¡No, no quiero!—respondió haciendo pucheros—. ¡Es horrible!

Desoyendo a la niña el anciano dijo:

—Había una vez, no hace mucho tiempo, una muchacha muy hermosa que vivía junto a sus padres en una casita cercana al mar como ésta. El lugar era de cuento: con puestas de sol preciosas, valles verdes y frescos donde las flores crecían doquiera que llegara la vista. Sin embargo, la muchacha estaba triste…
—¿Por qué, por qué…?
—Ahora quieres saberlo, ¿eh? Bueeeno… Pues verás, habían pasado los años y la muchacha ahora era una mujer y estaba triste porque a pesar de que era tan bonita como las estrellas del cielo su corazón se sentía solo: no conocería ningún amor en aquel sitio.
—¡Ah!
—Pero todo cambió una noche, era una noche extraña puesto que una gran luz cayó en sus ojos mientras dormía haciendo que despertara de forma repentina. Por la ventana de la habitación penetraban luces de muchos colores: era un arco iris en la oscuridad del firmamento. Se puso una chaqueta y salió de la casa. Miró hacia la colina frotando sus ojos aún adormilados. Se despabiló rápidamente pues en el suelo vio algo increíble: era una especie de nave espacial. Parecía un avión gigante de papiroflexia, pero era metálico y no de papel, con luces parpadeantes de colores; se percató que era de allí de dónde procedía el arco iris de la noche.

Asustada se acercó y de la trampilla surgió una figura. Era un hombre alto, muy alto y…
—¿De dos cabezas?—preguntó la niña temblando.
—¡Exacto!
—Tenía dos cabezas, y sobre la espalda una aleta dorsal como la que tienen los tiburones de los mares de Australia. Ella pensó igual que tú: que estaba frente a un monstruo extraterrestre. Entonces, decidió huir. Pero en ese instante escuchó una melodía. Se giró y vio como el hombre de dos cabezas tocaba algo parecido a una guitarra. Sonaba tan bien, que cada vez que miraba el rostro del hombre más se enamoraba; aquella debía de ser una guitarra mágica. Los cuatro ojos del extraño le sonrieron, sus labios decían su nombre y ella comenzó a bailar junto a él mientras la guitarra continuaba por sí sola con sus sones.

La nave volvía casi todas las noches. Para aquel hombre del cielo recorrer galaxias no era ningún impedimento. Un día él le entregó una pulsera. Estaba hecha de un metal que parecía de oro pero que brillaba con una luz diamantina. A partir de aquel día ella comenzó a engordar. Cada día más y más. Y una mañana notó cómo la pulsera reventaba en trocitos. Asustada pudo ver a su lado a una pequeña bebé de dos cabezas.

—¿Era su hija?
—Era hija de ambos: del extraterrestre y de la muchacha. El bebé lloraba y no pudo ocultarlo. Se lo contó a sus padres que asustados, ante la extraña nieta, lloraron desesperados; luego discutieron con ferocidad amarga, echándose la culpa el uno al otro de que su hija hubiera entregado su corazón a un monstruo. ¿Qué dirá la gente del pueblo?—dijo su madre ruborizada. El padre miró a su nieta con pena y sólo se encogía de hombros.

Al caer la tarde la muchacha ya había tomado su decisión: cogió al bebé bicéfalo y se fue en dirección al mar. Entró y entró entre las olas hasta no hacer pie y abrazó el agua hasta que sus pulmones ya no pudieron soportarlo.

—¡Oh, Dios mío abuelito! —la pequeña se tapó los ojos como no queriendo ver la escena que ya veía en su mente.
—Sí, pequeña mía. Pobre muchacha enamorada. Sin embargo, el bebé siguió adelante. Porque la pequeña no tenía piernecitas, sino una hermosa cola como la de las sirenas de los cuentos. Así que ella batió su cola y luchó con todas sus fuerzas: las olas del mar no pudieron ahogarla.

También quiero que sepas que el extraterrestre no cometió la traición de dejar a su amada sola pues fue visto en la colina la misma noche del día del nacimiento del bebé: fue allí para reencontrarse con ella y su recién nacido. Sin embargo, desde el altozano pudo contemplar cómo a pesar de ser de madrugada, en la casa, seguía habiendo luces y un trajín continuo de gente que lloraba a la par que iba entrando y saliendo del hogar de la muchacha. Y fue así cómo comprendió que su amor había muerto. Así que cogió la nave y se fue para siempre a su lejana galaxia.

—¿Y qué pasó con el bebé después de las olas?
—El bebé que era medio extraterrestre, medio humano; creció alimentándose del mar: algas, peces, moluscos, crustáceos y cefalópodos. Se convirtió al paso de los años en una bella sirena de dos cabezas que al igual que su madre también comenzó a sentirse sola. Una mañana vio a una criatura bellísima, que en realidad era un pescador. Estaba llorando, asustado por los embates del mar. Había perdido su barca. Se encontraba sobre una gran roca aislada entre el oleaje: era el único superviviente de un naufragio.

Si la marea subía más aquel ser iba a morir.—pensó la sirena—. Así que decidió que en lugar de ocultarse se lanzaría a salvarlo. Lo subió sobre su espalda y lo llevó a la orilla. Sin embargo, el chico estaba tan horrorizado ante el monstruo de dos cabezas que temiendo incluso que lo comiera; pasó todo el camino gritando y arañando su espalda.

La sirena sollozando, se marchó. Su corazón estaba roto. Nunca un ser tan bello le miraría con amor. Se prometió no volver a verlo jamás. Era un monstruo y a los monstruos no les quiere nadie. Sin embargo, comenzó a preguntarse. ¿Qué pasaría si tuviera una sola cabeza y dos piernas en lugar de aquella cola de sardina?

LunaROSA.jpgLa noche era extraña, el cielo parecía iluminado como si fuera de día: una luna rosada gigante reinaba en el firmamento. Sus grandes ojos contemplaron con pena la tristeza de la chica. La Luna le habló desde arriba:

— ¿Quieres ir a la tierra sirenita?
—Es lo que más quiero en este mundo, querida Luna. —le respondió.
—Si así lo quisieras, una de mis estrellas te cortaría una de tus cabezas, pero debes saber que a partir de ahí, sólo sobrevivirás dos años. En cuanto a la cola, no te preocupes; pues en cuento toques la tierra se convertirá en unas hermosas piernas. ¿Qué harás, sirenita?
—¡Entonces, no perdamos tiempo! ¡Llama a una estrella y que me corte la cabeza!
Las olas del mar llevaron hacia la orilla el cuerpo dormido de una bella joven. En la casa de pescadores, descansaba el muchacho del naufragio que de pronto fue despertado por un haz rosado de la Luna. Tomó su chaqueta y salió hacia la playa. Sobre la arena vio el cuerpo de la muchacha dormida. Luego lloró al reconocer que aquella mujer era el monstruo de dos cabezas que le salvó la vida.
—¿Se enamoraron?
—Ya lo creo que sí. Tuvieron un bebé de piel como la nieve y de ojos grandes y curiosos; tenía unas cuantas escamas en la espalda como recuerdo del pasado marino y extraterrestre que le precedía. Sin embargo, pasaron los dos años y el pescador supo solo entonces el final de la sirena:

—Hoy es mi último día. No me importa, pues he podido amarte en estos dos años.—le confesó.

En un instante, de la zona en la que estaba antes la antigua cabeza comenzó a manar sangre y en pocos minutos ella dejó de existir para siempre. Tal fue la tristeza y la sorpresa, que el joven pescador se convirtió en un anciano canoso, de apergaminadas manos pero de gran destreza. Él sigue recordando a su amada una y otra vez creando con el arte de la papiroflexia, a la sirena de dos cabezas que un día le salvó la vida.
Entonces la niña quedó pensativa durante un rato…

Hasta que de pronto las lágrimas rebosaron sus ojos, y tocó su espalda notando el áspero tacto de las escamas. Se abalanzó y lo abrazó con fuerza: supo con aquella figurita quién era verdaderamente aquel hombre.
El joven pescador que envejeció de golpe, por perder a su sirena de dos cabezas.

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

Safe Creative #1311199382297

Querido lector:

Agradezco mucho vuestra  participación en el juego creativo que os propuse.(https://losrelatosdevictoriaeugenia.wordpress.com/2013/11/16/os-propongo-un-juego-creativo-y-de-participacion/)

Espero que os haya gustado el resultado de mi trabajo sobre las palabras que habéis aportado. Pensaba que no saldría nada con tanta disparidad de sustantivos. El género está un tanto diluido en cuanto que tiene parte de cuento clásico, relato de intriga y misterio, de romanticismo, de fábula con moraleja  pero sobre todo es de fantasía. Espero vuestros comentarios.

Un beso para tod@s

Victoria E.

 

La mudanza (Parte II)

Si no has leído la primera parte aquí tienes el link: https://losrelatosdevictoriaeugenia.wordpress.com/2012/07/03/la-mudanza/

LA MUDANZA (PARTE II)

James, recorría las carreteras pisando el acelerador a fondo. Las curvas las tomaba como si estuviera compitiendo en un rally. “Menos mal que a esta hora apenas hay circulación”—se dijo James secando el sudor que recorría su cara. El corazón golpeteaba su pecho de forma insistente.

Acababa de cargarse a su vecina y a una de las niñas, con las que llevaba conviviendo más de diez años. Un nudo se le hizo en el estómago recordando el olor de la cara ensangrentada de la madre bajo la lona recalentada de la caseta. Paró la camioneta en el arcén y vomitó toda la merienda que tan ricamente le había servido Kate: los crêpes con mermelada de arándanos y el estimulante té, dulce invierno.

Así, mientras su boca se quedó con el regusto amargo de la hiel, su conciencia se encontraba totalmente vacía. Un rato después, consiguió relajarse mientras escuchaba la canción “Love me tender” que sonaba en la radio y que tarareó con gusto y añoranza del que fuera “El Rey”. Además ya se encontraba casi en la calle de atrás de su casa.
“Espero que Kate no haya dejado que las niñas sospechen nada”. —se dijo.

Una vez bajó del coche y tras lavarse bien sus manos polvorientas y con restos de sangre, entró en el jardín dónde se encontraban jugando Susie y Abbie con Capitán. Se acercó con gesto distendido y sonriente.

—Niñas, he tenido que llevar a vuestra madre y a vuestra hermana al hospital a visitar a una tía vuestra que se ha puesto muy enferma.
—¿Por qué no nos han dicho que se iban?—inquirió Susie.
—Por lo visto, era muy urgente. No sé como decíroslo… pero vuestra tía está muy grave y no va aguantar mucho más. Por ello, les he ofrecido llevarlas yo mismo en la camioneta. — “En eso no estaba mintiendo”, pensó.
—¿Con quién nos quedaremos?—dijo Susie preocupada.
— Ya todo está acordado. Os quedaréis con nosotros. Ahora, vamos a viajar; subid a la camioneta.
—¿Y Kate? ¿No viene? —preguntó Abbie con ojos llorosos.
El hombre les contestó que ya vendría luego y que no preguntaran tanto, que esto iba a ser un par de días a lo sumo. Las subió en el coche, le dio un beso a su mujer y arrancó el vehículo con cierta brusquedad. Las niñas miraron por la ventanilla despidiéndose de su casa sin saber cuál iba a ser su destino. Estaban relajadas, dentro de lo que cabía, ya que confiaban en la pareja; después de todo, habían crecido teniéndolos como vecinos.

Habían pasado unos días desde que llegaron a aquella casa entre montañas. James las distraía para que no pensaran, contándoles cuentos y enseñándoles los animales que vivían en su pequeña granja en medio de la nada.

—El lugar dónde estamos es precioso, ¿verdad Abbie? ¡Qué pena que Mary se fuera con mamá al funeral de la tía! James se está portando muy bien con nosotras, casi mejor que mamá; nos trae hasta el desayuno a la cama…Crepês y zumo de naranja.

Abbie no lo estaba pasando tan bien. Aunque era más pequeña tenía la sensación de que algo iba mal. Su madre nunca las había dejado anteriormente con nadie. Encima ya había pasado casi una semana. Quería ver a mamá y si tenía que acribillar a James a preguntas lo haría hasta que le dijera algo.

— Susie, creo que a mamá le ha pasado algo. Yo quiero ver a mamá. —Abbie comenzó a llorar desconsoladamente—. ¿Te acuerdas cuando papá se puso malito? Mamá nos dejó con los abuelos, y estuvimos casi un mes con ellos. Y todo porque papá se había ido al cielo… Y sí…y sí mamá…

Susie aunque era la hermana mediana, ahora actuaba como la hermana mayor, le dijo a Abbie que se dejara de tonterías. Que a mamá no le iba a pasar como a papá y que ella estaba tranquila porque mamá no estaba sola sino que la acompañaba Mary.

Abbie se abrazó a su hermana. Susie, que quería aparentar tranquilidad, comenzó a sentir una zozobra que no podía soportar. James había ido a comprar comida, y cuando volviera no le iba a dejar bajar de la camioneta sin que le diera noticias de su madre y de su hermana.

En el colegio de primaria de Nevada habían estado durante varios días llamando al móvil de Christine pero sólo conseguían escuchar el mensaje del buzón de voz. Como habían pasado varios días desde que Christine tenía que haberse incorporado a su trabajo, decidieron denunciarlo a la policía de Las Vegas, la cual se puso rápidamente en contacto con la de Montana.

El Sheriff del condado fue personalmente a la casa de los Smith. Al ver que no había nadie, llamó a la puerta de los Robinson para preguntar si sabían algo del paradero de Christine Smith y de su familia. Kate estaba prevenida de que llegaría el momento de que esto ocurriera, así que cuando Peter Duncan le dijo que la vecina llevaba en paradero desconocido una semana, puso una fingida cara de sorpresa que luego trocó en cara de consternación.

Le contó al Sheriff que Christine había emprendido un viaje hacia Nevada con toda la familia pues la habían contratado como maestra en un colegio de primaria de Las Vegas. Luego, apesadumbrada contó que los Smith habían perdido hacia cosa de un año, al cabeza de familia debido a una larga enfermedad.
El policía interrumpió el amago de llanto de Kate:

—Señora, ¿su perro tenía algún contacto con las niñas?
—Sí, a las niñas les encanta Capitán. Aunque vea que impone por su tamaño, en realidad es muy juguetón… —Kate se mordió los labios.
—Entonces, el perro podría ayudarnos. Si le damos ropita de las niñas nos podría conducir hasta dónde estén. Hemos encontrado muchos objetos en el coche que creo que nos valdrán para que el perro siga el rastro.

La cara de Kate se tornó pálida como la luna. Nunca hubiese imaginado que iba a flaquear su plan por algo tan tonto; no debería haber dicho que el perro jugaba con las niñas. Aunque, todo no estaba perdido puesto que no confiaba que Capitán fuera capaz de orientar a la policía hacia ningún lugar: era un animal torpe y un tanto bobalicón.

El Sheriff le enseñó un osito, una camiseta y una cazadora vaquera que se encontraban sueltas en la parte trasera del coche de Christine. Primero, las miró curioso. Parecía que pensaba que el Sheriff iba a jugar con él a su pasatiempo favorito: perseguir cosas que le arrojaran lejos. Sin embargo, como si el Gran Danés fuera un perro policía veterano, comenzó a husmear las prendas con total dedicación.

—Creo que es una pérdida de tiempo, Sheriff.— advirtió Kate—. El perro no sabe rastrear. Apenas sale del jardín. No se le puede pedir tanto.

Aunque Kate no dejaba de dar a entender que su perro era un inútil, Capitán comenzó a husmear el suelo con fruición; se fue directamente al coche de los Smith. Con su húmedo hocico recorrió el automóvil desde la parte delantera a la trasera; parecía que quería confirmar que el olor que había detectado procedía de allí, tras esto, se dio la vuelta. Corrió hacia la puerta trasera de la casa de los Robinson. Kate miraba incrédula a su perro con los ojos abiertos de par en par, pues el animal se estaba dirigiendo sin titubeos hacia dónde estuvo aparcada la camioneta de James.

“Por favor, que sea una simple casualidad”—se decía horrorizada.

Pero no existía casualidad en su instinto y ahora olisqueaba la carretera. Capitán empezó a tironear de la correa como un potro desbocado. El Sheriff, que la sostenía, no tuvo más remedio que correr a galope.

—Subamos al coche, Taylor. ¡No puedo más! —dijo a su subordinado con la camisa pegada al cuerpo por el sudor.

Siguieron a un ritmo frenético. Capitán, sólo quería volver a “jugar” a la pelota con sus amigas. Tras un cuarto de hora de camino, inopinadamente, el perro se paró en seco entre dos bifurcaciones de la carretera. Miraba a derecha e izquierda; estaba indeciso, en un lado el rastro era más penetrante que en otro. Sintió la aromática humedad típica de cuando desenterraba en el jardín huesos con restos de carne que él mismo escondía cuando estaba harto de comer. También ese olor punzante, olía a una de sus queridas amiguitas…

CONTINUARÁ…

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

LINK DE LA TERCERA PARTE: https://losrelatosdevictoriaeugenia.wordpress.com/2012/07/05/la-mudanza-parte-iii/

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Espero que estés más enganchad@ a la historia y vengas a leer el post de mañana. Si os está gustando dejadme un mensaje 😉