El hombre del ambientador

Todos los días salgo conduciendo mi tartana con un puñado de currículos para repartir.
Una cara sonriente de piel negra como el carbón, me saluda en el semáforo de la Plaza de la Marina.
Me muestra un puñado de ambientadores; le doy cincuenta céntimos.

—¿Cómo está?—dice en su recién aprendido español-malagueño.
—Mal, estoy mal. —las lágrimas asaltan mi cara.

El hombre mira el paquete de folios de la parte trasera. Sonríe y me guiña un ojo.

— ¡Te llamarán, amiga!—se despide con su sonrisa franca.

Ha pasado la Navidad, hoy es el último día de las fiestas. Me gusta preparar los regalos para mis sobrinos con mi madre. El teléfono nos interrumpe…

Escucho sobrecogida a la persona que me habla por teléfono.
¡Qué extraño! En un día festivo me están citando para una entrevista de trabajo.
Su voz, suena… tan peculiar.

Hoy es día siete. Conduzco nerviosa. Paso junto a la Manquita y busco en el semáforo de la Marina al hombre del ambientador: ha desaparecido.

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano ©

Todos los derechos reservados.

Queridos lectores:

Espero que os haya gustado mi historia “El hombre del ambientador”. Una historia triste pero a la vez alegre y como siempre; con corazón.
Quiero desearos con este cuento de Navidad ambientado en Málaga, un 2015 estupendo. Que la magia de los Reyes Magos inunde vuestras casas y que vuestras aspiraciones para este año que acaba de comenzar se cumplan.
Un abrazo
Victoria Eugenia Muñoz Solano

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