La muñeca- robot y el Scalextric link con audiocuento al final

Los días se habían hecho más cortos, las tardes que hasta hacía poco olían a castañas y a batatas asadas, ahora eran tardes refulgentes de luces titilantes, mantecados, turrones y compras navideñas.

Estábamos ya en plenas fiestas de Navidad, esa fiesta consumista cuyo verdadero sentido se ha ido difuminando con el paso de los años: catálogos de juguetes, grandes almacenes, prisas, opíparas comidas, niños señalando lo que quieren o dejan de querer. Pero todo esto, que alegra el corazón a muchos, a otros, se les convierte en una auténtica pesadilla.

— ¡Ana, estoy harto! Este año será el último en casa de tus padres.
— No sé cómo quieres que sea el último si ninguno de los dos tenemos trabajo. ¿Dónde vamos a vivir? ¿Bajo un puente? ¡Ah! Y esa es otra… ¿Y los Reyes? ¿Qué va a pasar con los Reyes, eh? El niño ha pedido un Scalextric y la niña la famosa muñeca- robot que cuenta cuentos y canta.

Desde que les quitaron la casa, Paco sufría horribles dolores de cabeza, pero nada comparado con el que comenzó a sentir al discutir con su mujer sobre los regalos de Reyes. En la familia todos estaban igual de “tiesos” que ellos, por lo que nadie podía ayudarles y encima los juguetes de este año parecían más caros que nunca.

Sin embargo, se negaba a quitar la ilusión a unos niños tan pequeños; pero por otro lado tenían que comer todos los días. Sí, había preguntado en Cáritas, pero allí no conseguiría lo que querían Antoñito y Carmencita. Tendría que conformarse con cualquier otra cosa que no habrían pedido.

¿Qué les diría? “Niños, es que los Reyes están en crisis.” “Pero si son Magos, papá.”, responderían ambos con sus ojazos comenzando a desbordarse de lágrimas, a la par que agitarían sus cabecitas llenas de rizos.

Después de estar dándole vueltas a la cabeza durante todo la tarde. Por la mañana Paco se fue a un supermercado para comprar una paletilla de jamón.Tras esto se dedicó a hacer papeletas. Pensó que si lograba venderlas todas, cada una a un euro, podía ganar lo suficiente para comprar los regalos. Estuvo todo el día deambulando de acá para allá. Pero toda la gente del barrio estaba igual que él: sin un euro y menos aún para una rifa de tan exiguo premio. Entró en todos los comercios. Sólo cuando llego a la tienda de Peter, irlandés apodado como “el pelirrojo”, le pudo vender unas cuantas, y eso que el hombre tenía una tienda de ultramarinos gourmet en la que los jamones de pezuña negra atiborraban las paredes.

elpelirrojo

Estaba descorazonado, pues su intento de salvar la Navidad, sería del todo infructuoso; por ello no quería ni volver a casa. Se cruzó con el barrendero cubano del barrio; ese que siempre cantaba y bailaba salsa al tiempo que trabajaba con su escoba.

—¡Eh, pana te veo como tristón! ¿Qué pasa, chico?
— No, no te voy a contar mis penas. Estamos en Navidad y no es cosa de chafarte las fiestas.
— ¡Eh, desahógate! En Cuba desimos las penas compaltidas pasan mejol.
—Este año los Reyes Magos no van a venir a mi casa. Me entran ganas de entrar en el Corte Inglés y coger lo que necesito. Es de justicia, ¡con lo que esa gente gana!—dijo Paco con angustia y rabia.
—Tranquilo, amigo verás cómo pronto las cosas mejoran.

Barrendero1

—Pues no sé cómo… Gracias por los ánimos Raimundo. ¡Y Feliz Año!
“No sé cómo me quedan ganas de decir Feliz Año, más bien, ¡Feliz Mierda de 2015!”, pensó.Se encaminó al chino de la esquina. Sintió apuro al tener que pedirle que le ayudara a vender las papeletas, que las pusiera a la vista detrás de él en el mostrador. Era un chino poco común pues siempre estaba de broma, sacándole chiste a todo.
Chino sonriente

—Adiós, amigo. ¡Gracias!

Mientras terminaba el último acorde del concierto de Año Nuevo, Paco llegaba a casa de sus suegros con la cara agachada, el alma en los pies y los ojos mirando al suelo.

—¡Eh, papá! ¿Cómo se llamaba la marcha que la gente aplaudía?

—Marcha Radetzsky, Antoñito.

—Vamos, a hacerla Carmen. —dijo el niño cogiendo las manos a su hermana imitando el aire solemne del director de orquesta mientras tarareaba: — Parapam, parapam, parapampanpam, parapam parapam parapampampam…

Y otra vez el dolor de cabeza…

Pasaron los días y no hubo un día que Paco no se acercara al chino a preguntar por las papeletas. El hombre le dijo casi disculpándose que las diez que se habían vendido las había comprado él mismo. Así que ante el fracaso de la venta de las papeletas, se encaminó a pedir los juguetes que la iglesia tuviera a bien darle. Por lo menos, los niños no se iban a encontrar con la habitación vacía. Además, con los globos que le había regalado Yang llenaría el cuarto.

Llegó al fin el día de Reyes. Y Carmen y Antonio se levantaron; dando grititos se quitaban las legañas. Tras un rato de aturdimiento, levantando los globos para buscar los juguetes, por fin pararon y se percataron de lo que en el cuarto había:

— Pero, ¿dónde está la muñeca-robot? —dijo sorprendida Carmen.

—¿Y el Scalextric?  —dijo Antoñito con voz desencantada a su hermana después de estar un rato rebuscando.

Había una carta junto a sus camas, que el mayor intentó leer. Como era muy lento leyendo, decidieron llevarla al dormitorio de sus padres para que se la leyeran.

—Léela papá, que me entere yo qué les ha pasado a los Reyes.

“Queridos Antonio y Carmen: No hemos podido traeros vuestro pedido porque hay muchos niños a los que repartir juguetes y este año los Reyes…

Entonces sonó el timbre de la puerta. Paco se puso la bata y abrió la mirilla para ver quién era:

—No, no puede ser —dijo.

—¿Quién es, Paco?—preguntó la mujer desde la habitación.

Tras abrir, los niños abrieron la boca de par en par pues estaban entrando en su casa tres hombres ricamente ataviados:

 Uno de barba blanca, ojos achinados y una gran corona; otro con barba y rizos pelirrojos cuya sonrisa de oreja a oreja le atravesaba toda la cara y por último un corpulento negro con un turbante bordado y un penacho de plumas.

—¿Pero, es que los Reyes querían venir a vernos?

—Sí, Antoñito, así continúa la carta.—respondió Paco llorando.

“Queridos Antonio y Carmen: No hemos podido traeros vuestro pedido porque hay muchos niños a los que repartir juguetes y este año los Reyes…

… hemos decidido que como nos retrasaremos en el reparto, os entregaremos en persona la muñeca- robot y el Scalextric. Porque habéis sido muy buenos, y unos niños tan buenos merecen siempre lo mejor…

—Mira, Carmen. Papá también debió de ser un niño muy bueno. ¿Has visto cómo le están abrazando los Reyes Magos?

—¡Sí, Antonio! Cuando volvamos al cole le diremos a todos que papá es el mejor amigo de los Reyes.

 Victoria Eugenia Muñoz Solano

Safe Creative #1212234237285

Queridos lectores:
 Este relato lo escribí hace tiempo. Ahora gracias a Pep Pazo podéis escuchar la versión en audiocuento. La grabación para mi gusto estupenda. Si queréis disfrutarla solo tenéis que escuchar siguiendo el link:

La muñeca- robot y el Scalextric

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