La mudanza

—¿Queréis que os ayude con la mudanza? Estoy de vacaciones y después de tantos años… creo que es lo menos que puedo hacer.
—No te preocupes, James. Nosotras nos apañamos bien. No tenemos tanto que guardar. Gracias de todos modos.
—Nevada está lejísimos y si nadie te echa una mano acabarás cansada antes de tiempo y no podrás conducir toda la noche. Además ahora que no está George… Creo que os hace falta la ayuda de un hombre.—dijo James sonriendo.
Kate se asomó por la valla que separaba ambos jardines y le dijo a Christine que por favor dejara que su marido acarreara todos los bártulos.
—Es una pena que os vayáis tan lejos. Seguramente no volvamos a vernos. Anda, deja que las niñas jueguen por última vez con “Capitán”.
Capitán era un Gran Danés que siempre que veía entrar a las hijas de Christine a su jardín, las tiraba al suelo con sus lametazos; a pesar de que su tamaño era imponente, era un animal bonachón que quería a las niñas con devoción, ya que eran las únicas que tenían la paciencia de tirarle sus juguetitos y volvérselos a tirar cuando los recogía.

James se acercó al coche y fue colocando cajas en la parte superior. Mientras que Christine lo miraba agradecida pensando que por lo menos cuando llegara la noche podría conducir durante algunas horas más de las que había calculado en un principio. Sabía que las Vegas no era el mejor sitio para criar a tres niñas, dos de ellas ya adolescentes, pero era el lugar dónde estaba su nuevo trabajo como maestra de un colegio de enseñanza primaria y no podía rechazar aquella oferta de empleo aunque ello significara alejarse muchos kilómetros de su querida y tranquila Montana.
Cuando todo estaba colocado y las niñas dispuestas, se escuchó la voz de Kate llamando a Christine desde el interior de su casa.
“Seguramente los Robinson quieran darme algún regalo de despedida.”—pensó Christine. Mary, la hija mayor de Christine, que también tenía mucho afecto a los vecinos entró en la casa junto a su madre.

En cuanto estuvieron en el hall no les dio tiempo a mirar nada más, ya que repentinamente, sus ojos fueron tapados al tiempo que sus bocas amordazadas. Ambas, asustadas, sin saber qué era lo que ocurría alrededor golpeaban el aire dando brazadas inútiles rebelándose en contra de quienes las estaban agarrando. Mary notó el tacto de un pañuelo de seda recorriendo su cuello; y luego, la sequedad de las manos encallecidas de James en torno a su nuca. Christine que escuchaba los gritos ahogados de su hija se tiró al suelo intentando zafarse de las cuerdas que Kate estaba disponiendo alrededor de su cuerpo.
—¡Ten cuidado con la puta de la madre!—gritó James a su esposa.
— ¡Mata ya a la niña! No podré sujetar a Christine por mucho tiempo.
Se escuchó un crujido horripilante de huesos. El cuerpo, cayó al suelo como si fuera el de una muñeca de trapo.

La madre que lo escuchó todo, comenzó a patear sin ton ni son. Los Robinson que estaban hipnotizados contemplando su “obra”, al ver que su prisionera escapaba de las cuerdas, dejaron de mirar el cuerpo de la chica; para abalanzarse sobre la madre. Mientras Kate sujetaba a la mujer postrada en el suelo, James no paraba de reír a carcajadas histriónicamente. Parecía uno de esos “malos” enajenados de las películas batiendo con sus risotadas el aire, abría y cerraba la mandíbula con la cara desencajada.
Mientras tanto, Kate llena de odio la insultaba sin piedad:
—Tenías que haber entrado solita, ¡zorra! —Le dio una patada en la cara.—Ahora tu hija está muerta, ¿sabes? Y no hacía falta matarla a ella: sólo queríamos matarte a ti.
Las lágrimas y la sangre de Christine habían empapado el pañuelo que le tapaba los ojos; gracias a esto, se le había caído parcialmente, pudiendo ver por un pequeño resquicio; incrédula, contempló que era cierto… En frente tenía el cuerpo sin vida de Mary.
Sacando fuerzas de flaqueza, a pesar del pánico atroz que estaba sufriendo, en un descuido de Kate, consiguió liberar una de sus piernas y de una patada la derribó contra el suelo. Ahora había logrado soltar sus dos piernas y comenzó a golpear salvajemente el vientre de su vecina con la intención de reventarla por dentro. James, auxiliando a su esposa, sólo tuvo que agacharse hacia la cabeza de Christine…
Un crujido largo y seco y luego todo quedó en silencio.
—¡Bien!— dijo Kate, mientras se acariciaba el vientre asustada y dolorida por las patadas proferidas por Christine—. Llévatelas en la camioneta a la finca de tu madre. Mientras, iré a la casa de los Smith para distraer a las niñas con Capitán. Sal por atrás, así no te podrán ver y creerán que la madre y la hermana están de cháchara contigo.

James metió los cuerpos en su vehículo. Condujo unos kilómetros; entrando por una parte alejada de la casa con el objeto de que su “vieja” no lo viera. Llegó hasta la caseta de las herramientas y allí escondió bajo unas lonas y un montón de utillaje a la madre y a la muchacha.


“Tendré que volver para enterrarlas pero por ahora aquí estarán bien”.—se dijo James sudoroso tras terminar el trabajo.
Rápidamente volvió a la camioneta. Kate no podía estar entreteniendo eternamente a las niñas, además sabía que eran lo suficientemente avispadas como para olerse algo más pronto que tarde.
—¿Dónde están mamá y Mary?— preguntó a Kate con voz angustiada la pequeña Abbie de siete años—. ¡Se nos va a hacer tarde!
—Es verdad, ya llevan casi una hora en vuestra casa. Y mamá dijo que teníamos que salir cuanto antes.—replicó Susie, la hermana mediana, haciendo ademán de ir a buscarlas.
—Están despidiéndose de James. —se interpuso la mujer en el camino—.¿No os gustaría que mientras estén dentro, juguemos un rato más con Capitán? Mira, que ya no volveréis a verlo.
Las niñas se miraron. Y sin hablar, decidieron que seguirían correteando por el césped un rato más junto al incansable Gran Danés.

CONTINUARÁ ….

Autora : Victoria Eugenia Muñoz Solano

La mudanza (PARTE II) LINK: https://losrelatosdevictoriaeugenia.wordpress.com/2012/07/03/la-mudanza-parte-ii-2/

Safe Creative #1207021902637

Este es un relato largo de intriga (12 páginas) que voy a publicar por entregas en  días consecutivos. Espero que os enganche y queráis descubrir el final.

Os agradeceré vuestros comentarios para saber vuestras impresiones.

Un saludo

Victoria Eugenia

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9 thoughts on “La mudanza

  1. Madre mía, todo parece super tranquilo y de repente un vuelco a mitad del relato. Muy bueno. Por cierto, te pasa lo mismo que a mí con los relatos, por miedo a ser pesados, no describimos más las cosas y todo va como muy rápido, si lo lees, verás que poniéndole más descripciones, la lectura no se precipita tanto.

  2. ¡Muchas gracias! No pongo muchas descripciones, no sólo para no hacerme la pesada como tú bien dices, sino para que la lectura fluya y el ritmo sea rápido. Si el relato hubiese sido una novela corta, la cosa hubiera cambiado y en ese caso las descripciones serían mayores. ¿En qué sección tienes colgados tus relatos? Es que no los encuentro.
    Un abrazo 😉

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