La mudanza (Parte II)

Si no has leído la primera parte aquí tienes el link: https://losrelatosdevictoriaeugenia.wordpress.com/2012/07/03/la-mudanza/

LA MUDANZA (PARTE II)

James, recorría las carreteras pisando el acelerador a fondo. Las curvas las tomaba como si estuviera compitiendo en un rally. “Menos mal que a esta hora apenas hay circulación”—se dijo James secando el sudor que recorría su cara. El corazón golpeteaba su pecho de forma insistente.

Acababa de cargarse a su vecina y a una de las niñas, con las que llevaba conviviendo más de diez años. Un nudo se le hizo en el estómago recordando el olor de la cara ensangrentada de la madre bajo la lona recalentada de la caseta. Paró la camioneta en el arcén y vomitó toda la merienda que tan ricamente le había servido Kate: los crêpes con mermelada de arándanos y el estimulante té, dulce invierno.

Así, mientras su boca se quedó con el regusto amargo de la hiel, su conciencia se encontraba totalmente vacía. Un rato después, consiguió relajarse mientras escuchaba la canción “Love me tender” que sonaba en la radio y que tarareó con gusto y añoranza del que fuera “El Rey”. Además ya se encontraba casi en la calle de atrás de su casa.
“Espero que Kate no haya dejado que las niñas sospechen nada”. —se dijo.

Una vez bajó del coche y tras lavarse bien sus manos polvorientas y con restos de sangre, entró en el jardín dónde se encontraban jugando Susie y Abbie con Capitán. Se acercó con gesto distendido y sonriente.

—Niñas, he tenido que llevar a vuestra madre y a vuestra hermana al hospital a visitar a una tía vuestra que se ha puesto muy enferma.
—¿Por qué no nos han dicho que se iban?—inquirió Susie.
—Por lo visto, era muy urgente. No sé como decíroslo… pero vuestra tía está muy grave y no va aguantar mucho más. Por ello, les he ofrecido llevarlas yo mismo en la camioneta. — “En eso no estaba mintiendo”, pensó.
—¿Con quién nos quedaremos?—dijo Susie preocupada.
— Ya todo está acordado. Os quedaréis con nosotros. Ahora, vamos a viajar; subid a la camioneta.
—¿Y Kate? ¿No viene? —preguntó Abbie con ojos llorosos.
El hombre les contestó que ya vendría luego y que no preguntaran tanto, que esto iba a ser un par de días a lo sumo. Las subió en el coche, le dio un beso a su mujer y arrancó el vehículo con cierta brusquedad. Las niñas miraron por la ventanilla despidiéndose de su casa sin saber cuál iba a ser su destino. Estaban relajadas, dentro de lo que cabía, ya que confiaban en la pareja; después de todo, habían crecido teniéndolos como vecinos.

Habían pasado unos días desde que llegaron a aquella casa entre montañas. James las distraía para que no pensaran, contándoles cuentos y enseñándoles los animales que vivían en su pequeña granja en medio de la nada.

—El lugar dónde estamos es precioso, ¿verdad Abbie? ¡Qué pena que Mary se fuera con mamá al funeral de la tía! James se está portando muy bien con nosotras, casi mejor que mamá; nos trae hasta el desayuno a la cama…Crepês y zumo de naranja.

Abbie no lo estaba pasando tan bien. Aunque era más pequeña tenía la sensación de que algo iba mal. Su madre nunca las había dejado anteriormente con nadie. Encima ya había pasado casi una semana. Quería ver a mamá y si tenía que acribillar a James a preguntas lo haría hasta que le dijera algo.

— Susie, creo que a mamá le ha pasado algo. Yo quiero ver a mamá. —Abbie comenzó a llorar desconsoladamente—. ¿Te acuerdas cuando papá se puso malito? Mamá nos dejó con los abuelos, y estuvimos casi un mes con ellos. Y todo porque papá se había ido al cielo… Y sí…y sí mamá…

Susie aunque era la hermana mediana, ahora actuaba como la hermana mayor, le dijo a Abbie que se dejara de tonterías. Que a mamá no le iba a pasar como a papá y que ella estaba tranquila porque mamá no estaba sola sino que la acompañaba Mary.

Abbie se abrazó a su hermana. Susie, que quería aparentar tranquilidad, comenzó a sentir una zozobra que no podía soportar. James había ido a comprar comida, y cuando volviera no le iba a dejar bajar de la camioneta sin que le diera noticias de su madre y de su hermana.

En el colegio de primaria de Nevada habían estado durante varios días llamando al móvil de Christine pero sólo conseguían escuchar el mensaje del buzón de voz. Como habían pasado varios días desde que Christine tenía que haberse incorporado a su trabajo, decidieron denunciarlo a la policía de Las Vegas, la cual se puso rápidamente en contacto con la de Montana.

El Sheriff del condado fue personalmente a la casa de los Smith. Al ver que no había nadie, llamó a la puerta de los Robinson para preguntar si sabían algo del paradero de Christine Smith y de su familia. Kate estaba prevenida de que llegaría el momento de que esto ocurriera, así que cuando Peter Duncan le dijo que la vecina llevaba en paradero desconocido una semana, puso una fingida cara de sorpresa que luego trocó en cara de consternación.

Le contó al Sheriff que Christine había emprendido un viaje hacia Nevada con toda la familia pues la habían contratado como maestra en un colegio de primaria de Las Vegas. Luego, apesadumbrada contó que los Smith habían perdido hacia cosa de un año, al cabeza de familia debido a una larga enfermedad.
El policía interrumpió el amago de llanto de Kate:

—Señora, ¿su perro tenía algún contacto con las niñas?
—Sí, a las niñas les encanta Capitán. Aunque vea que impone por su tamaño, en realidad es muy juguetón… —Kate se mordió los labios.
—Entonces, el perro podría ayudarnos. Si le damos ropita de las niñas nos podría conducir hasta dónde estén. Hemos encontrado muchos objetos en el coche que creo que nos valdrán para que el perro siga el rastro.

La cara de Kate se tornó pálida como la luna. Nunca hubiese imaginado que iba a flaquear su plan por algo tan tonto; no debería haber dicho que el perro jugaba con las niñas. Aunque, todo no estaba perdido puesto que no confiaba que Capitán fuera capaz de orientar a la policía hacia ningún lugar: era un animal torpe y un tanto bobalicón.

El Sheriff le enseñó un osito, una camiseta y una cazadora vaquera que se encontraban sueltas en la parte trasera del coche de Christine. Primero, las miró curioso. Parecía que pensaba que el Sheriff iba a jugar con él a su pasatiempo favorito: perseguir cosas que le arrojaran lejos. Sin embargo, como si el Gran Danés fuera un perro policía veterano, comenzó a husmear las prendas con total dedicación.

—Creo que es una pérdida de tiempo, Sheriff.— advirtió Kate—. El perro no sabe rastrear. Apenas sale del jardín. No se le puede pedir tanto.

Aunque Kate no dejaba de dar a entender que su perro era un inútil, Capitán comenzó a husmear el suelo con fruición; se fue directamente al coche de los Smith. Con su húmedo hocico recorrió el automóvil desde la parte delantera a la trasera; parecía que quería confirmar que el olor que había detectado procedía de allí, tras esto, se dio la vuelta. Corrió hacia la puerta trasera de la casa de los Robinson. Kate miraba incrédula a su perro con los ojos abiertos de par en par, pues el animal se estaba dirigiendo sin titubeos hacia dónde estuvo aparcada la camioneta de James.

“Por favor, que sea una simple casualidad”—se decía horrorizada.

Pero no existía casualidad en su instinto y ahora olisqueaba la carretera. Capitán empezó a tironear de la correa como un potro desbocado. El Sheriff, que la sostenía, no tuvo más remedio que correr a galope.

—Subamos al coche, Taylor. ¡No puedo más! —dijo a su subordinado con la camisa pegada al cuerpo por el sudor.

Siguieron a un ritmo frenético. Capitán, sólo quería volver a “jugar” a la pelota con sus amigas. Tras un cuarto de hora de camino, inopinadamente, el perro se paró en seco entre dos bifurcaciones de la carretera. Miraba a derecha e izquierda; estaba indeciso, en un lado el rastro era más penetrante que en otro. Sintió la aromática humedad típica de cuando desenterraba en el jardín huesos con restos de carne que él mismo escondía cuando estaba harto de comer. También ese olor punzante, olía a una de sus queridas amiguitas…

CONTINUARÁ…

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

LINK DE LA TERCERA PARTE: https://losrelatosdevictoriaeugenia.wordpress.com/2012/07/05/la-mudanza-parte-iii/

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Espero que estés más enganchad@ a la historia y vengas a leer el post de mañana. Si os está gustando dejadme un mensaje 😉

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