El bandolero de la Coracha

Ocurrió en el año 1877, año desastroso en el que una plaga de pequeños insectos de la familia de los inofensivos pulgones se cernió sobre los campos de vides malagueños. El ataque de la filoxera había dejado a muchos agricultores en la miseria.

Fue entonces cómo Diego Hinojosa al no poder trabajar en el campo, empezó a delinquir asaltando los carruajes en los cruces de caminos, emulando a su abuelo; el famoso y admirado Tempranillo.

Diego robaba para comer y lo hacía procurando no dañar la integridad de sus asaltados. Vivía con su mujer ysu niña pequeña de tres años en el ahora desaparecido barrio de la Coracha.

El bandolero que era un hombre de facciones rudas, de ojos avispados y tez morena, penetró con caminar vacilante en Santo Domingo. Portaba una bolsa repleta de duros procedentes de la última calesa que había abordado. A lo lejos se vislumbraba envuelto en la luz tintineante de las velas, al Hijo de Dios hecho hombre. Era el Señor del Paso.

Diego conforme andaba, desnudaba su cabeza del pañuelo que lo ceñía. Luego se santiguó al tiempo que hincaba las rodillas delante del Nazareno.

– Señor aquí te dejo mi último botín. Te quiero pedir a cambio de volver a la honradez pero también a la pobreza que me salves a mi niña. Lleva varios días con calentura. Si vieras ¡cómo tiene su lengua! Parece una fresa roja.

Diego lloraba a lágrima viva. Su niña había sido diagnosticada por don Evaristo de Escarlatina, mal que si en nuestra época se soluciona con penicilina, en esos tiempos avocaba a la muerte a miles de niños.

El bandolero se enjugó las lágrimas y miró al Nazareno y Éste a su vez contempló apiadado con su mirada digna, humilde y llena de dulzura al pobre hombre arrepentido. Se mantuvo así durante largo rato una conversación de silencio sobrenatural.

Su corazón empezó a palpitarle atolondrado. Seguramente se debía a la emoción de estar ante la sobrecogedora presencia de Jesús Nazareno; pero sintió que algo había mutado y que debía de marcharse cuanto antes del Templo. Corrió sorprendentemente sin siquiera despedirse del Nazareno, corrió y corrió hasta la empinada cuesta que le llevaba a su hogar.

Distinguió en la oscuridad de la noche la silueta de su mujer en el umbral de la puerta con las manos apoyadas en la cabeza y vociferando su nombre.

-¡Diego! ¡Diego! –rompía la voz con dificultad.

Diego aligeró aún más el paso hasta encontrarse delante de su mujer.
-¿¡Qué pasa María!?

-Llegó un médico al poco de irte. Me dijo que venía de tu parte. Yo pensé con pena que otra vez habías vuelto a birlar porque las últimas pesetas se las llevó don Evaristo.
Era joven, alto, fino y de cara parecía un hombre bueno y noble. Entró, miró a la niña y me dijo que no me preocupara más que ya estaba curá. Me enfadé con él.
Le pedí gritando que se fuera que no estaba la cosa pá bromas que la niña estaba muy malita, que se estaba muriendo ya. Me dio la mano y no respondió a mis increpaciones. Y cuando menos me lo esperaba lo vi ya lejos de casa cerca del castillo y alrededor de él como unas nubecillas y unas pequeñas luces saltarinas.

Me di la vuelta y de pie estaba Esperanza diciendo entre lágrimas que tenía hambre. ¡Lloraba de hambre! ¡Estaba buena de verdad!

Comprendiéndolo todo, el antiguo bandido con los ojos desorbitados mirando al cielo de Gibralfaro dijo:

-Señor, ¡gracias por salvar mi Esperanza!

Esta ha sido la leyenda del bandolero Diego Hinojosa, el bandolero de La Coracha, aquel que un día el Señor del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso salvó al curar a su hija. Con su bendición todos los Jueves Santos tal como hiciera ese día en el cielo malagueño, Él sigue curándonos y dándonos Esperanza de salvación.

Mi relato está publicado en el boletín nº51 de la Pontificia y Real Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza; apareciendo junto a otros relatos de insignes cofrades y hermanos con motivo del IV Centenario de la Bendición de Jesús Nazareno del Paso.

He querido compartirlo con vosotros, visitantes de este blog, pues cada Semana Santa en Málaga, se vuelve a repetir el milagro de la bendición del Nazareno.

Autora : Victoria Eugenia Muñoz Solano

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