Duda existencial

Me acababan de dar una hoja con la letra de las canciones para que yo también participara con mi voz; a veces no quiero seguir estos cánticos. Lo cierto, es que siempre hay gente dispuestaa sobresalir, de manera que una voz menos, en ese momento, no iba a ser echada en falta. Por ello, me limité a abrir y cerrar mis labios, en una especie de playback no muy bien ejecutado.Ahora me viene a la mente el motivo por el que posiblemente la gente prefiera cantar el papel de las letras: porque mientras te concentras en si entonas o no bien, mantienes la mente en blanco; vacías el cerebro de los pensamientos que asaltan raudos en los silencios que aparecen desiertos y baldíos. ¿Por qué nos tenemos que morir? ¿Es cierto que existirá una vida eterna?

Realmente me apena tener estos pensamientos siendo católica. De hecho, no debería preocuparme por ello, pues se supone que tengo la certeza de la existencia de Dios. Y me pregunto en este instante:

El cura que está ahora mismo hablando de la anunciación del Arcángel San Gabriel, ¿no se preocupa por esto? ¿Está realmente seguro de lo que está contando?

Observo sus movimientos amplios, levantando los brazos y moviendo expresivamente sus manos… la homilía continúa. Creo que es muy afortunado; pues parece tener la certeza de todo lo que está afirmando. No me reconforta, al contrario, me hace preguntarme cada vez más y más cosas. Reconozco que soy creyente pues si no, no sentiría emoción al ver a mi Cristo surcando las calles de mi ciudad en Semana Santa. Pero esto… podría confundirse con idolatría; como ocurría en el antiguo Egipto dónde se adoraban a múltiples dioses, entre ellos a Osiris, el cual también resucitaba, y se le procesionaba por la necrópolis de Abydos.

Aunque me niego a pensar que yo no creo, debo de hacerlo, pues así me educaron. Añoro esa etapa infantil en la que la religión se confundía con la magia. Me acuerdo cuando para mí, la autenticidad de los Reyes Magos era innegable. Cuando, el cielo, era algo muy fácil de entender. Creo que por entonces, la muerte no era temible porque la fe venía de serie; como en los coches pueden venir de serie, el airbag o los frenos ABS.

Estaba escuchando aquella misa porque mi padre había perdido hacía una semana a un compañero de trabajo. Una persona entrañable y bondadosa. Lo dio todo por sus nietos. Un hombre que vivió la vida, a pesar de sus reveses, con un optimismo envidiable. Por eso estábamos casi todos: era una misa en su recuerdo. Mirando a su viuda y a sus hijos; no podía dejar de preguntarme, si de veras hay algo que nos espera; si de verdad nos reencontraremos con nuestros amigos y familiares, una vez caiga el telón. El mundo sigue aunque nos parezca increíble, estemos en él o no. Y yo me niego a dejarlo del todo; por eso tengo que creer en ese Dios que nos lleva hacia algún sitio desconocido después de que nuestros 21 gramos de alma abandonen nuestro cuerpo. En mitad de la oscuridad.

O simplemente lo único que podamos esperar, es pervivir en el recuerdo de nuestros deudos, y eso siempre que hayas sido una persona que merezca ser recordada, ya que los que no, quedarían relegados al infierno del olvido.

Ahora está de moda una médium televisiva, que dice ver a las personas desaparecidas, ya sea detrás o al lado nuestro. Casi siempre de pie y, sosteniendo una foto; pues como ya sabrás, todo doliente se aferra a una imagen, para que el ser querido viva en la memoria más vívidamente. Si de verdad fuera tan fácil, como ella lo plantea, ninguno tendríamos miedo al sueño postrero.

El hecho de que te digan, que el ser querido está bien, que te acompaña, que está esperando vuestro reencuentro y que te manda saludos como el que hace una llamada a larga distancia, es lo que a todo ser humano le gustaría escuchar de labios de su madre o de su abuela fallecida. Pero la existencia de una vida después de esta, es algo mucho más complejo e inexplicable que un encuentro “entre fantasmas”; en el que la intuición de la médium es a mi modo de ver el verdadero contacto con el mundo de los muertos.

 Porque el mundo sigue aunque nos parezca increíble, estemos en él o no. Y yo me niego a dejarlo del todo; por eso tengo que creer en ese Dios que nos lleva hacia algún sitio desconocido después de que nuestros 21 gramos de alma abandonen nuestro cuerpo.

Como dijo Lavoisier: “La energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma”.

Victoria Eugenia Muñoz Solano

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